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Las palabras son manifestaciones del peculiar lenguaje de los seres humanos. Se dice que ellas evocan significados y que cuando se juntan dan lugar a conceptualizaciones abstractas que nos permiten comunicarnos. Pero, ¿de dónde surge el significado que nuestras mentes construyen al oír o ver una palabra?, ¿cómo hace el cerebro para comprender cabalmente un concepto?, ¿será que activa exclusivamente sus circuitos especializados para el lenguaje o hay algo más?
De esta forma, el trabajo cuestiona la idea de que el significado se procesa únicamente mediante circuitos lingüísticos, cuya función es privativamente lingüística, y suma evidencia a otros trabajos previos. Además, ofrece evidencia inédita de que la activación de los circuitos sensoriomotores específicos es muy rápida y constitutiva del significado. “No es algo secundario o que aparece después de que se accedió al significado sino, por el contrario, es una piedra fundamental de la misma experiencia del significado”, expresa Birba.
Además estas redes neuronales en apariencia diferentes, las semánticas y las faciales, se comunican entre sí. De hecho, descubrieron que, durante el procesamiento de palabras faciales, la conectividad entre ambos circuitos es mayor en la ventana de tiempo temprana, es decir, al inicio de la interacción, en los primeros 200 milisegundos (ms). “Cuando uno lee las palabras de cara, el diálogo entre circuitos faciales y los semánticos es mucho más intenso al principio que más tarde, entre los 200 y 400 ms”, dice Birba. “Esto también señala la rapidez y lo constitutivo que es el rol de los circuitos faciales en este caso”.
En conclusión, este experimento muestra que, para comprender las palabras, el cerebro humano primero reactiva las experiencias corporales distintivas que éstas evocan (en este caso, información específica de los rostros) y luego acude a procesos conceptuales más generales. Estos resultados podrían tener diversas aplicaciones, desde educativas o pedagógicas hasta clínicas. Por ejemplo, ahora sabemos que las palabras que aluden a rostro se asocian de manera muy particular con el giro fusiforme y ya se sabía que una alteración en él puede generar prosopagnosia, una alteración neurológica que dificulta el reconocimiento de rostros (la famosa enfermedad que padece Brad Pitt). Entonces, una hipótesis posible es: ¿se pueden utilizar pruebas sencillas como ésta de leer palabras para ver si el giro fusiforme está funcionando bien?